Diario de las emociones
Sara Bolognini
¿Cómo te sientes con tus emociones?
¿Sabes lo que sientes? ¿Sabes gestionar tus emociones? ¿Las controlas? ¿Las rechazas? ¿Te desbordan o por el contrario las ignoras?
Para mí, durante casi 40 años, han sido un estorbo que no sabía muy bien cómo manejar. No me gustaba mi rabia, la tristeza la aceptaba sin ningún cariño, al disgusto no le hacía ni caso y en cuanto a la felicidad… me parecía algo muy efímero.
Un día cualquiera, en una sesión cualquiera, mi terapeuta me dijo: “No contactas con tus emociones”. Lo cierto es que me sorprendió, siempre me había considerado una persona bastante emocional. No pude entender por qué mi terapeuta me decía tal cosa. Así que en un primer momento rechacé por completo el comentario y cuando digo “en un primer momento” me refiero a que pasaron dos años.
Llegó finalmente el día en que me di cuenta de que quizás ese comentario tenía su razón de ser. Recordé un dolor de barriga horrible que había sufrido de pequeña, por mi edad no fui capaz de ver que mi cuerpo me estaba avisando… hay algo que no funcionaba. Estar en medio de unos padres que no se llevaban bien me generó muchos problemas a la hora de soltar y a su vez de contactar con mis emociones. Esta revelación que tuve años más tarde fue uno de los factores que motivó a desarrollar este proyecto.
Cuando empecé a aceptar que quizás sí tenía dificultad en expresar mis emociones, busqué una manera. La fotografía era mi medio de expresión, así que la utilice para documentar el proceso y movilizarme hacia mi objetivo. Fui ensayando, con prueba y error hasta llegar a lo que quería. Durante un año entero estuve fotografiando lo que sentía, documentando todo lo que me pasaba.
No hacía una foto al día, sino que me dejaba llevar por el sentimiento. Hubo días en los que sentía mucho y me pasaban muchas cosas y otros menos. Lo que sí pude notar es que la fotografía me ayudaba a centrarme en las emociones. El placer de estar fotografiando y expresándome, me ayudaba a profundizar en lo que me sucedía por dentro.
A través de la fotografía he aprendido a preguntarme ¿qué siento? ¿qué me está pasando en este momento?
Al mismo tiempo escribía un diario, también centrado en las emociones. Allí, apuntaba de qué situaciones salían las emociones y qué había pasado, para que se movilizara el sentimiento. Fue un año muy rico, lleno de experiencias: rupturas, duelos, nuevos inicios, ilusiones, inseguridades, miedos, logros, satisfacciones…
Busqué y me documenté sobre las emociones leyendo libros de los mejores investigadores mundiales: Goleman, Ekman, Harris, Feldman Barrett y muchos más. Para ser sincera, todavía no he parado de hacerlo, porque me resulta tan interesante y universal que he parado de investigar.
La gran sorpresa me la llevé al final del proceso, revisando las fotos y todo el trabajo hecho. Leer una página del diario te lleva al momento, pero es improbable que lo leas todo en un día. En cambio, si puedes navegar por las fotos, ver a qué recuerdos te llevan, darte cuenta que hay cosas que has olvidado y otras que no, que hay emociones más fuertes y otras más sutiles. Que los recuerdos de un duelo van volviendo de forma inconstante y sutil. Que has logrado más de lo que pensabas. Que quizás te parezca no haber avanzado mucho este año, pero la imagines demuestran lo contrario.
En mi caso fue bastante interesante darme cuenta de que, en algunos momentos en que necesitaba sentirme fuerte (y no contactar con mis emociones profundas) fotografiaba paredes. Lo bonito fue ver el cambio. Sí, seguí fotografiando paredes a lo largo del año, pero si al principio no sabía lo que me estaba sucediendo, al final, era consciente que la emoción con la que estaba contactando era más grande que yo y no sabía manejarla. Esto me dio muchísima información sobre cómo mejorar mi gestión emocional, a pesar de que ya estaba trabajando en ello.
Decidí utilizar el móvil para agilizar el proceso fotográfico lo máximo posible. Meterme en un tema tan profundo, con la exigencia de enfocarme no solo en las emociones, sino también en tiempos o diafragma, no era necesario. Me di cuenta de que no tenía que demostrar nada, a nadie. Necesitaba la inmediatez del móvil y la universalidad de su uso.
El diario, como tal, era personal, no necesitaba que otros lo vieran. Era para mí. No empecé con la idea de crear algo para que los demás pudieran entenderlo. Lo que sí sabía, es que, si esto funcionaba, también podía funcionar para otras personas. El móvil, definitivamente, facilitaría el acceso a esta herramienta de contacto con nosotros mismo.
A veces las fotos surgían solas, a veces tenía que pensar un rato, no solo en que me estaba pasando si no en cómo poder captar una imagen de mi emoción. ¿Como podía hacer, que, a través de una imagen, me acordara de lo que me estaba pasando en el momento? A veces surgía la foto sola, por la simple necesidad de expresarme. Entonces me preguntaba de dónde surgía esa motivación. A veces, me llevaba días en traducir en imagen lo que había sentido.
El diario de las emociones ha sido expuesto en varios lugares, y algunas de sus fotos han ganado premios y menciones de honor en premios internacionales.
Mi objetivo más próximo es crear un grupo de gestión emocional a través de la fotografía. Donde podamos explorar juntos nuestras emociones, compartirlo y crecer juntos con esta hermosa herramienta.













